sábado, 15 de julio de 2017

Balada blanca



Perdonad este trance de nadie, este silencio
quebradizo
que me pronuncia en humedales
de quimera;
esta balada blanca
que sutura las melladas hebras de mi voz
limpiando la memoria
de esqueletos.

No temáis, no me impulsa su música
a morder la boca
del olvido
ni el deseo de triturar
dígitos de fuego
ni la culpa, ni el miedo de morir
en la radical infancia
de los Nombres.

Simplemente supuro ausencia
como el vacuo ojo de un pez
que desconoce aún el tacto afilado
de unos dientes
en su carne.

Nado a contracoriente
de la memoria suicida;
a los días que silencian la voz
de las saetas,
a los tiempos primeros en que desconocíamos
el dolor que profieren
sus agujas.








domingo, 25 de junio de 2017

Jairiel frente al ángel oscuro


”Estoy dispuesto a todo
por gozarte”
-pensó Jairiel-
aunque
era el tercero esa tarde en ponerse a la cola
de un sueño.
El sol golpeaba con puño de fuego
las calles.
Jairiel,
ataviado con fino traje de soberbia,
alzó la mirada
ante su deslumbrante diosa,
la miró fieramente a los ojos.
Ella le devolvió una luz arrebatadora,
febril,
contoneó su cuerpo de ninfa, dejó entrever
unas piernas de escándalo y retó con sus carnosos labios
a los sufridos y ansiosos amantes.
”Estoy dispuesto a todo por ti”- gritó Jairiel-;
sacó de su bolsillo izquierdo
un puñal de infamias,
y atacó a su descuidado rival
por la espalda.
Almidonó su ira con níveas metáforas,
y no sé qué enfangadas razones patrias
que justifican toda subversión, toda
traición a los historia.
Pero quedaba otro adversario, más sagaz,
más astuto que él;
tuvo que silenciarlo, recurriendo al chantaje
y al oprobio.

Por fin pudo quedar Jairiel a solas frente a ella.
“Eres quien necesitó -musitó su ígnea diosa-
puesto que a todo estás dispuesto por mí;
muerde los sinuosos racimos de mis pechos,
adéntrate en el túnel que se descubre ante ti,
arde en el cáncer de mi desmedida voluntad.
Tengo al mundo
comiendo de mi mano, amoldo a mi antojo
los destinos
de los hombres; el tuyo me pertenece también.
Ven, amor, danza
al ritmo del rayo de mi carne
inmortal.
Regálame un látigo de represión, amante mío,
que pueda silenciar lo que desprecio;
follarme todo principio, disolver en el ácido
de mi saliva
cualquier dedo acusador.

Y Jairiel se sintió poderoso, implacable,
por un brevísimo latido de tiempo.
Hasta que un día
alguien le apuñaló
(por amor)
y a traición;
alguien
arrastrado por una corriente
salvaje,
por un sueño voraz y caníbal
que sabía a sacrificio, a sudor y a lágrimas
ajenas.



sábado, 27 de mayo de 2017

La mujer nenúfar



Si la vieras:
tiene tu voz de páramo,
idéntica simiente gris
en la mirada,
el mismo gesto herido
de gacela.
Muchos más pájaros, menos pozos
que yo.
más relámpagos, menos niebla,
más infancia en las manos.

Si la vieras, madre,
rozar con su piel el jazz
de los pronombres,
florecer vivaz en lechos
de agua,
mordisquear un pan de olvidos
palpando a tientas el belfo
amarillo
de la muerte, besándolo sin piedad,
domesticando el grito...


Hay algo tuyo en la mujer-nenúfar:
una hilera
de rebelde tristeza;
corpúsculos de huidizos ayeres;
grisazul infinito
enredado en el ramal de la sangre,
sal de ausencias
que se tornan memoria
al mirarme.

lunes, 1 de mayo de 2017

Jaque Mate


La aguja del reloj hiere el silencio.
Es la hora -se dice-
de truncar lentamente la calma
e invertir el flujo de la sangre
al presente.
El peón se levanta, 
un pálido temblor se amotina 
en sus gestos.

El alfil negro le bloquea
los sueños:
la reina
zizzaguea al andar, simula no encontrarle;
al fin azuza el fuego de sus pies
derrotados,
le seduce con su falsa blancura.

“Sube a la negra torre del sacrificio”
“Sálvanos con tu muerte”.

Ella y su regia cohorte
de aduladores cuervos;
ella y sus caballos
de ira,
sabrán dar buena cuenta de tu sangre
cautiva, domarán las manos con que amasas
el pan
que alimenta su ambición
desmedida.

Jaque mate:
ahora estás sometido por mi yugo.
Eres Nadie.
Soy la diosa del Caos, el Poder,
la Ambición
que te aplastan.






lunes, 24 de abril de 2017

De carne y sueños


Desfilaban
uno tras otro,
sin permiso,
sin tregua:
dulces, etéreos, cómplices,
azul-lamento algunos;
electrizantes, boreales,
audaces,
vertebradores de luz los más;
los menos, embriagados
de arsénico.

Todos ellos te amaban,
arrojaban a tus pies sus temores,
se atrincheraban tras la cálida sombra
de algún gesto tuyo,
alquimistas fugaces de mi exilio
perpetuándose
en un crisol de futuras ausencias.

Hoy reclamo sus melíferos huesos
vengo a sus tumbas con flores
antiguas,
evocando mi patria perdida,
destejiendo latidos, pronombres,
risas y llantos, condenas y gozos.
Eran de carne y sueños los días;
fueron niños
creciendo en mi seno.
Sucumbieron muy pronto a la muerte,
al hachazo
 de un tiempo metálico.

domingo, 16 de abril de 2017

Arena



Jugaba con arena,
modelaba
la tarde entre sus manos:
ahora una flor, un pájaro,
un paisaje,
algún velero,
bebidos de repente
por las olas.

Un misterio le salía al encuentro
en cada punto cardinal
del día.
Aleteaban sus brazos
bajo un cielo ligero
para luego buscar
el seguro puerto
de su mano.

Jugó con ella el tiempo
(el tiempo y ella, frágiles ambos,
ambos hechos de arena
y espejismos)
la modeló con tijeras de sombra;
le inventó un mar secreto
donde albergar las reliquias
de su infancia.
Allí naufragaba, allí nacía
de nuevo al mundo,
rebuscando en sus fondos amarillos:
una brújula, un sueño
carcomido, un ayer  no devorado todavía o,
simplemente,
la silueta pura, perfecta,
del amor.



lunes, 27 de marzo de 2017

Yo Acuso



No doy tregua.
Yo Acuso.
Soy quien husmea en su aura
de sombras.
Ven.
Sigue la flecha de mi gesto, afila
el hacha de tu lengua
en sus vísceras.
¿Qué es la verdad,
al fin y al cabo?
La verdad es una mueca 
del cielo, un espejo 
viciado.
Y ya hemos devorado suficientes
derrotas.
Llevo a la serpiente enroscada
en el hígado;
un dolor como a bilis nevada
en la sangre
del miedo.
Y tú me preguntas
¿para qué tanto incendio?
¿para qué tanta escarcha?

Simplemente
la muerte de la luz me alimenta.
Crezco
si vomito silencios
de acero.
Puedo hundir una flota
afilando mi odio.

Simplemente,
me hago fuerte ulcerando
la duda.
Simplemente,
 Yo Acuso.

sábado, 18 de marzo de 2017

Whatsapp?


Entren, señores, entren,
vendo palabras, sí, palabras:
edulcoradas, atrevidas, incendiarias,
vertiginosas, delirantes;
píldoras verdes contra la soledad
aquí,
a un breve golpe de timón
de sus dedos.

Cuelguen a la entrada
toda Identidad, vacíen los bolsillos
de sus neuronas y
relájense. 

Vendo palabras: blandas, simples,
ácidas,
aliñadas con imágenes,
solitarias como islas;
casi todas
frugales, casi todas 
desleídas en el vaso 
del tedio 
de un domingo cualquiera.

Palabras
para  todos los abandonos,
para casi todos las muertes.


No se preocupen, son inocuas:
les cortamos las alas,
las vacunamos contra la rebeldía.
Ustedes solo deben elegir
qué temor achicar,
de qué silencio huir,
qué verdad enterrar.

Pasen y vean, señores,
envíen y reenvien auroras
boreales, bits, bytes, megabytes,
deslices,
gigas,
humo.

Diviértanse, 
imaginen, 
olviden 
y, sobre todo,
no dejen de reír.

Jueguen a disgregarse
en su loca ingravidez.

Pasen y vean...






martes, 14 de marzo de 2017

Silencio



Juego a lamerte el alma,
a revelar la espina dorsal
de tu verdad,
y te acaricio
con preguntas anémicas;
temo tu adusta voz,
el acero cruento
de tus uñas clavándose
sobre el magma de alguna herida
abierta.

Desnúdate
para mí
esta noche:
te vestirán mis labios
con el altivo traje
de un poema.

Ah, pero tú sabes que me miento
al pensarte;
arde un latido oscuro en ti que apellida
una muerte prematura.
La bilis de tu aura enmudece
a menudo
mis manos,
que excavan, sin saberlo, un túnel
sembrado de serpientes.

Juega conmigo,
Silencio:
háblame en un lenguaje
indescifrable.

Demuestra al mundo
la banalidad de las palabras.



martes, 21 de febrero de 2017

Desconocidos


Estás tan cerca,
 y apenas te conozco;
hay algo, alguien, que interfiere
entre tu voz y yo: la escarcha de un rencor
antiguo, la caducada espuma 
del orgullo,
tal vez alguna que otra muerte
domesticada a latigazos
de silencio.

¿Quién eres? -te pregunto-
Soy yo, el de siempre – me respondes-
¿no me recuerdas?
Cargas mi sombra sobre tus costillas
desde la infancia
(desde la eternidad)

Puedes tocarme, estoy aquí,
a tu lado: carnal,
ausente,
apenas a un año  luz
de tu verdad.

Ven a buscarme
cuando me haya marchado.
Temo que llegues
camuflada bajo piedras
de ironía,
vomitándome el alquitrán
de una promesa.
Temo la luz que hiere
las palabras
que no sé pronunciar.

Hola y Adiós,
mi querida enemiga;
mi íntima 
desconocida.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Lázaro

                                         
                                                  

                                                                                A   Mar   
                                                                                    
                                                                            
Lázaro, ¿duermes?

Todavía es temprano.
Ven. Juega conmigo.
He amordazado a los perros
del silencio
para que no me despierten.

Es mi turno:
contraataco con el Tres
de Corazones
a este martes de Espadas
que se ha confabulado
con la noche.
El As de Picas acecha
en la espesura, afila su sombra
de ciprés
en nuestro cuello.
No le temas,
no sabe
de nuestros mundos 
secretos, de estas vendas
que protegen
mi ceguera cuando sueño
que sueñas, que habitas
en un lecho dulce y leve.

Haz leña del olvido,
tú, que has quemado las últimas naves
del presente.

Sueña, Lázaro amigo, sigue existiendo
para mí en aquél verano
donde aparcamos
nuestra juventud.




miércoles, 25 de enero de 2017

Se nos ahogó Venecia



¡Despierta,
querida hermana!:
se nos ahogó Venecia.

Sucedió ayer mismo,
siglos antes
de que tú te marcharas
para siempre.
(¿Recuerdas
el año- alud
en que rodamos cuesta abajo
del Adiós?).
Dijiste:
"he muerto, Rose".
No te creí.
Lo supe
el día en que Florencia
amaneció decapitada.
Pude reconocer
el abismo en los posos
del té
que no bebimos.
El hilo rojo que tejiera
la sangre
de nuestra juventud
agrió las rosas rojas
del destino.

Hoy quiero fundar Roma
sin ti (contigo);
beberme París a tu salud;
evitar que Venecia sea devorada
una y mil veces
por el águila
de las interrogantes.