jueves, 21 de marzo de 2019

Cariátide




¿Qué haces aquí?

Este aséptico rincón no combina
en absoluto con tu falda,
ni con la media sonrisa que compraste
de saldo
en las últimas rebajas de febrero.

Es extraño,
tú,
que te mimetizas a diario
en una somnolienta blancura,
que pulcramente ensobras lágrimas
ajenas
y las archivas en azetas
de olvido,
es extraño
que no hayas sabido digerir
el hierro de un silencio incómodo
bañado en suculento caramelo.

Una mirada torva,
silencios en los que descarrilan mil trenes
de asfixiante derrota.
Luego, una palabra-dardo
brota muy lentamente de la ronca garganta,
y con ella los virus del temor se propagan
por las frías paredes,
metastatizan en el trémulo cuerpo
que bruscamente adelanta su sombra.

Y tú, tratando de abarcar con tu mano
todos sus precipicios,
comprendes que no hay muro que pueda protegerle 
 de la hoz del destino
( tú, que sueñas todavía con acróbatas de humo
y lunas incendiarias;
que ingenuamente te repites a diario:
no hay muerte
 que no pueda desgarrarse
con los dientes de un amanecer,
y esta frase te calma como un mantra
que consuela tu frágil esqueleto)

Solo puede salvarte tu vocación de hormiga,
tu imperturbable alma de cariátide acostumbrada a sostener
sobre su cabeza
el atlas
del vacío.



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