domingo, 23 de agosto de 2015

Océanos


Sólo buscaba abrigar el silencio,
que incubase mi aliento,
hacer del aire una catedral 
sin campanas.
La extensión del destino se cernía ante mí
blanca como la infancia.

Ah, pero las sombras muerden
a los perros del cielo.
Un ángel de grisú se adhiere
a la memoria
enhebrando pozos de negrura;
camina
con manos azules
hasta darnos alcance
y tatuarnos un pájaro petrificado
en la sien
del olvido.

Sólo buscaba compartir mis peces
moribundos bajo el sol
del insomnio,
abrirlos en canal, mostrar sus vísceras.
Alimentar con ellas a las gaviotas del viento.
Pero los peces intentan prolongar su agonía:
aletean en versos oscuros,
respiran en charcos de inquietud,
intuyendo, quizá,
su destino oceánico
bajo la desazón de unos ojos
hambrientos.

















2 comentarios:

  1. Lo dicho querida amiga... una avidez sensible que decanta en la belleza de tus imágenes...es conmovedor leerte cada vez...
    Un gusto visitar tu bello espacio virtual
    Te abrazo con todo mi cariño...
    Nancy

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  2. Muchas gracias por llegar hasta mi espacio y dejar tu sensible huella, Nancy.

    Un fuerte abrazo, amiga.

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