¿En qué momento fue?
¿Cuándo nos dimos cuenta
de que nos balanceamos
en la cuerda floja
de lo absurdo?
Un buen día despertamos, como siempre,
tendimos nuestros sueños al viento
del destino
-ardía un fuego sagrado en nuestras vísceras
que agitaba las cuerdas del presente
y nos impulsaba al infinito-
¿Recuerdas?
Con el humo de algún triste cigarro
dibujábamos la piel
del paraíso.
Algo cambió sin apenas darnos cuenta.
El aire se hizo denso, enrarecido.
Sentimos, de pronto,
un indoloro vacío en la memoria.
En algún instante del anodino ritual
de nuestras vidas
se quebraron todas las preguntas.
Y seguimos como si no pasara nada...
¿Para qué bucear entre las algas
del dolor más profundo,
recorrer los pasillos de la noche
o abrir puertas selladas de la infancia?
¿Para qué tanto vómito de tinta?
¿tanta sangre vertida
en el río candente de un poema?
Ven,
empecemos de nuevo,
todavía no es tarde
para vencer al duende
que fosiliza las savia de los árboles.
Aún no es tarde
para licuar las amapolas
coaguladas en los pliegues
del olvido.
Fluir, creer, crear
hasta fundirnos
entre los brazos de un mar tempestuoso.
